Escribir... Una forma de entretenerse como cualuier otra, ¿no te parece?

Esta madrugada he sufrido otra de mis absurdas pesadillas. En esta ocasión la historia se desarrollaba en una sórdida calle de Los Angeles (ciudad en la que por otra parte jamás he estado). Era de noche y yo corría angustiada de una punta a otra de un callejón lleno de contenedores de basura y ratas que devoraban algunos restos de comida que había esparcidos por el suelo. Estaba descalza y muerta de frío a pesar del ejercicio que estaba haciendo. He intentado taparme con algo y entonces he descubierto que estaba completamente desnuda. Tenía la piel azulada y comenzaba a tener insensibles algunas partes del cuerpo. El sueño ha dado un salto en el tiempo y yo seguía corriendo por aquel callejón y con el frío clavado en cada uno de mis músculos pero, en esta ocasión iba cubierta con un abrigo negro de cuero. Un salto más y me he visto desnuda y apuñalada en el interior de un contenedor al que se acercaba un gato tuerto (ignoro si para devorarme o usarme para otra actividad). Esta muerta y sin embargo seguía corriendo.
Son las diez de la mañana. Fuera cae un sol de justicia. Llevo dos jerseis y es la tercera taza de café caliente que tomo en menos de media hora.
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Stephen King decía aquello de "todos los escritores tenemos una musa, en mi caso un muso". Esta mañana me he desayunado escribiendo el siguiente texto:

Buscar a las musa o bajar al puto infierno

¿Cómo es mi musa. Cómo la imagino? Bueno cómo la imagino no importa ahora lo importante es ser consciente de que esa señora existe. Tengo que ponerme a su disposición y concederle todos los caprichos para que a cambio ella me abra su caja mágica y me permita crear un bonito mundo literario con el que me pueda ganar la vida. A mi musa creo que le gusta el café, aunque en el fondo es una viciosa y disfrutaría muchísimo con el alcohol pero ella sabe perfectamente que bajo los efectos de ese tipo de sustancias no está al 100% y ella, si no está a ese nivel prefiere no personarse. También es amante de las drogas pero le sucede lo mismo que con la bebida. Tampoco es ella. Así es que habrá que alimentarla a base de café y de productos lo más sanos posibles aunque de vez en cuando le conceda algún capricho de estos.

Mi musa vive en un loft precioso y lleno de luz. La estética del lugar es de aquellas que siempre he soñado para mi propia vida y, sin embargo es ella la que disfruta de los placeres que desearía para mí. La decoración Zen de la estancia invita a perderse en cualquiera de las facetas artísticas que una cree que tiene. En este caso podría pasar media vida en su casa sólo leyendo o aporreando el teclado sin sentido alguno tal y como lo estoy haciendo en este momento. Esta importante mujer no tiene rostro. No soy capaz de asignarle ninguno. Sólo sé que es morena y de cuerpo espectacular. Con eso tengo suficiente. También sé que es inteligente, juguetona, contradictoria, inquieta y corrosiva. En ciertos aspectos, se parece mucho a mí excepto por lo del cuerpo espectacular. No es el caso. Ahora mismo está estirada en el impresionante sillón negro de la sala. Fuma y me observa con esa sonrisa irónica que tanto me molesta. Sabe que estoy buscando una idea, un tema, un punto de partida y disfruta haciéndome sufrir. Extiende el brazo y abre la palma de la mano. Un destello sale de su interior. Soy consciente de que ahí se encuentra la idea que necesito para otra nueva historia. Camino con lentitud hacia ella pero lee cuáles son mis intenciones y cierra la mano. Su mirada me está retando. Tendré que sufrir bastante más si quiero alcanzar la gloria que me tiene reservada. Bueno querida, si quieres que lo pase mal no hay problema. Estoy dispuesta a todo así es que ya podemos empezar con la tortura que me tengas reservada para esta ocasión.


Conclusión: Mi musa es una zorra y se va a dedicar a putarme.
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Padezco estrés creativo. No sé si el término este existe en realidad o me lo acabo de inventar pero es lo que mejor define el estado en el que llevo sumida desde hace un par de semanas. Me paso el día anotando frases e ideas por todas partes. En el trabajo no hago más que abrir archivos y llenarlos de líneas. Cuando termino de escribir algo que se me acaba de ocurrir e intento relajarme es imposible porque otra nueva idea acude a mi mente. Por supuesto, cuando releo todo lo que he escrito sigo considerando que es una mierda y lo tiro (entiéndase por tirar dejar el texto durmiendo en un archivo del portátil porque si algo he aprendido en los últimos tiempos es a no desechar nada realmente). Borrador de novela por corregir, relatos por terminar, decenas de post en los blogs por subir…¡¡¡¡¡Arrrgggggggggg!!!!
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Hace unas horas he tenido que asistir a otra de las típicas reuniones con mi jefe a las que yo denonimo "A ver si te aclaras". El problema de este hombre es que no sabe lo que quiere y se dedica a marearnos a todos con sus paranoias. Cuando aterrizas en este fantástico entorno laboral asistes a todas y cada una de estas reuniones con tus cinco sentidos en perfecto estado. Pero, el día que descubres que eres capaz de repetir con pelos y señales el discurso del jefe en las reuniones, todos los sentidos empiezan a fallarte. En mi caso el tema comenzó por el oido. Un buen día me senté en la sala de reuniones con el resto de mis compañeros y, a penas habían pasado veinte segundos, dejé de escuchar lo que sucedía a mi alrededor. Después el tema se fue extendiendo hacia la vista y el tacto. El olfato lo conservo bastante bien desde que se prohibió fumar en el lugar de trabajo ¡Ja!
Esta mañana el ser que dirije este tinglado nos ha llamado al orden. Ultimamente he adquirido la costumbre de asistir a estos eventos en compañía de una libreta y un bolígrafo. He descubierto que la inspiración siempre me llega cuando el ser en cuestión nos recuerda por enésima vez lo muchisimo mejor que hacen su trabajo los de la competencia (aunque obvia el pequeño detalle de que los otros cobran tres veces más). En fin que ahí estaba yo sentada, libreta en mano y garabateando las primeras líenas de un prometedor relato cuando se ha deslizado un folio desde el interior del cuaderno. Al recogerlo del suelo lo he abierto y he leido: "Test 41. ¿Eres una mujer desesperada?". Durante unos segundos me he debatido entre seguir con el prometedor relato o lanzarme a la frivolidad de responder a un montón de preguntas absurdas para obtener una valoración con la que nunca estás de acuerdo. Como podreis apreciar a continuación ha ganado la opción B.
He mirado a mi alrededor y me he cerciorado de que nadie se estaba percatando del sacrilegio que estaba a punto de cometer aunque dudo que se fuera a chivar el tipo de mi derecha al que acababa de ver fumar en la calle un canuto de una hierba que olía estupendamente.
La introducción del cuestionario ha sido descomunal: "Test destinado exclusivamente a lectoras solteras y mayores de 25 años que te confirmará si tu caso está perdido o si, por el contrario, aún hay vida más allá de la vida de soltera. Deberás leer las proposiciones expuestas y contestar SÍ si te sientes identificada o NO en el caso contrario". Con la esperanza de ser capaz de seguir estas sencillas instrucciones me he lanzado a por la primera pregunta:

1.- No consigo decidir si el sexo opuesto me preocupa menos de lo que debiera o me preocupa demasiado. SI / NO

Respuesta: Pfffffff. En realidad el sexo opuesto me la trae muchísimo al pairo. De hecho, el único cerebro del sexo opuesto que me ha interesado en toda mi vida afortunadamente descansa junto al mío por las noches. Bah.. Esta ni la contesto.

2.- Me pregunto por qué ese cretino estúpido que en realidad no me importa nada y además follaba fatal ha dejado de llamarme. SI / NO

Respuesta: ¡Madre mía! A ver que repase.... 1, 2, 5, 13, 56... No. Decididamente nunca he follado con cretinos y si me he encontrado alguna estúpida enamoradiza por el camino a la que le expliqué que lo que iba a suceder a continuación era SOLO sexo y no lo quiso entender fui yo la que no la llamó al día siguiente...

3.- Creo que sufriré un ataque de nervios si mi madre vuelve a llamar para anunciarme la boda de alguna prima o hija de conocido. SI / NO

Respuesta: A estas alturas de la vida Yentl ya ha comprendido que los eventos sociales que se produzcan más allá de mis familiares más directos me la truja por completo así es que no creo que pierda el tiempo comunicándome esas gilipolleces porque sabe perfectamente que me da lo mismo que se casen, que se depilen las piernas con maquinilla o que tengan almorranas del tamaño de un gremlin.

4.-Me acuerdo demasiado de los novios a los que dejé hace tiempo. SI / NO

Respuesta: Hay días en los que ni recuerdo si me he puesto ropa interior

5.- A veces me pregunto si he arruinado ya mi última posibilidad de vivir una relación estable. SI / NO

Respuesta: Carpe Diem

6.- Mis últimas relaciones nunca han superado la barrera de las seis semanas. SI / NO

Respuesta: Afortunadamente amiga, afortunadamente

7.- A veces me pregunto qué es preferible: tener una pareja que te amarge la vida, tener una pareja a la que amargarle la vida o amargaarte la vida tú solita. SI / NO

Respuesta: En este momento me estoy preguntando por qué estoy haciendo este estúpido test

8.- Sospecho que la frustración sexual engorda. SI / NO
Respuesta: Sospecho... Sé que engordo cuando me como dos cajas de Oreo mojadas en leche con canela un sábado por la noche y luego no practico un poco de sexo para quemar calorías.

9.- Si pudiera pagarme unos zapatos de Farrutz quizá no me sentiría tan insignificante. SI / NO
Respuesta: Por Dios... Farrutz... Quién es ese?. A ver si va a ser Farrutx, diseñador que todas sabemos que ha muerto desde que Jimmy Choo y Blanhik nos abrieron los ojos.

10.- Me gustaría saber si el hecho de preguntarte si es posible que empieces a estar desesperada implica que de verdad estás desesperada. SI / NO

Respuesta: Ey, ey, ey... No nos engañemos que yo estoy haciendo este test porque no me apetece oir al tio del puro y porque los cuadros de la pared ya me los sé de memoria.

CONCLUSIÓN. Todo parece indicar que muy desesperada no estoy pero creo que rezumo cinismo por doquier. En cuanto acabe el sermón le pediré a una amiga adicta al Marie Claire que me envíe algún test tipo "¿Eres una mujer cínica?" para salir de dudas. Os mantendré informados/as.


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Me gusta practicar algún deporte de riesgo de vez en cuando. Por eso, esta mañana he decidido aceptar la invitación para el almuerzo que me ha hecho mi madre. Cuando he llegado al lugar convenido he entrado y he intentado localizar a Yentl. Estaba sentada frente a una mesa enorme, hecho que me ha llevado a la brillante deducción de que había más invitados a este evento. Después de los saludos de rigor y las preguntas, TODAS dirigidas a la salud de mi hijo ( o sea su nieto) y a las monerías que el niño ha aprendido este fin de semana, señora madre me ha informado de que esperábamos a sus amigas conchitina, paquitina, finín y lucita.
La primera idea que ha acudido a mi mente: Por dios si entre las cinco suman de media trescientos cincuenta años por qué cojones se llaman en diminutivo. Me he abstenido de hacer comentario alguno sobre esta cuestión porque no me apetecía entrar en otro debate absurdo con la que me dió la vida. Así es que he escogido una silla junto a la ventana por si en un momento dado tenía que salir huyendo de esta encerrona. Me he abstraido unos instantes leyendo la carta del restaurante y cuando he vuelto a la realidad he llegado al convencimiento de que me habían abducido. Estaba rodeada de señoras (según ellas), auténticas momias (según yo). A mi derecha estaba conchitina a la que se le ha ido la mano ocho pueblos con el Heno de Pravia por no mencionar la guerra que ha debido mantener con el lápiz de ojos porque aquello parecía la ascensión al Tourmalet que una línea recta. Eso sí. Durante todo el almuerzo he admirado el valor y la fuerza de conchitina al soportar en su pequeño cuerpo el peso de las doscientas cuarenta joyas que llevaba encima. ¡¡Por Dios que alguien le diga a esa mujer que aún faltan cuatro meses para decorar el árbol de Navidad!!
La vista a mi izquierda no ha sido mucho mejor porque Lucita llevaba tres mangas puestas. "Es por el aire acondicionado", me ha confesado entre susurros al ver que la miraba con cara de "estamos en agosto, fuera hay 32ºC. Qué haces vestida con el avance de la colección de otoño de 1943". De los personajes sentados justo frente a mí casi que prefiero obviar descripciones y calificativos.
Para no estar en modo alga y ante la amenazadora mirada de señora madre he decidido prestar atención a la conversación que se estaba manteniendo. Lo confieso. Me ha sido totalmente imposible. Las cinco cacatúas hablaban a la vez sobre temas que no tenían nada que ver. Cada una estaba explicando su película a la otra pero ninguna de ellas se estaba escuchando. Así es que, ante la posibilidad de necesitar terapia psicológica antes de los postres, he decidido desconectar de nuevo y concentrarme en las tostadas de pan con tomate y ajo que han traido a modo de entretenimiento para las fieras mientras que nos servían el primer plato.
De repente una mágica voz me ha sacado de mi ensimismamiento. "¡Arriba la Esteban!... ¡Arriba la Esteban!..." Instintivamente he dirigido la mirada hacia la televisión del local y cuál ha sido mi sorpresa al ver que estaba apagada. Sin embargo, la voz de la Esteban seguía llegando a mis oídos. He empezado a sudar y a respirar con más dificultad aún cuando ha pasado por mi mente la posibilidad de que la experiencia con las ancianas estuviera siendo demasiado para mis castigadas neuronas. Después de varios segundos la voz ha cesado por completo. He abierto el bolso y he repasado la medicación que estoy tomando. En el prospecto del paracetamol no he leido nada referente a alucinaciones.
"A lo mejor la televisión estaba encendida y la han apagado justo cuando me he fijado en ella", ha logrado apuntar mi lado racional del cerebro. Sí. Probablemente haya sido esto. Pero, justo cuando me estaba empezando a creer esta versión la voz de la Esteban ha vuelto a irrumpir en mis oidos. He observado a mis compañeras de mesa pero, las cacatúas seguían gritándose entre ellas por no sé qué de quién se comió más pasteles en la cena del sábado y he comprendido que iba a ser inútil pedirles ayuda. Así es que me he concentrado en la voz. Si en realidad lo estaba flipando por qué no disfrutar del momento.
Después de varios segundos, igual que la vez anterior, la voz ha dejado de sonar. He empezado a plantearme por qué alucinaba. Bueno, en realidad mi preocupación ha sido averiguar por qué era Belén Esteban en concreto el objeto de mi alucinación. ¿Mi faceta Maruja luchaba por salir y por eso recurría a este icono? ¿Necesito una liposucción y tengo que volver a mirar la portada de Interviu en la que ESA mujer sale desnuda sobre una moto? ¿Debo ofrecerme como colaboradora al programa de Ana Rosa Quintanta? ¡¡¡Por Dios!!! ¿Qué significa esto?
He sacado la libreta del bolso para anotar estas reflexiones y no sé cómo he debido hacerlo pero, antes de acabar de anotar las primeras palabras me he dado cuenta de que todas las ancianas estaban en silencio y me miraban extrañadas. Justo en ese glorioso instante la voz de la Esteban ha llegado hasta nosotras. He mirado con complicidad al grupo de mujeres de la España de la República. Ha sido una mirada cómplice tipo... "Todas estamos oyendo la voz de Belén Esteban. ¿verdad?". Pero enseguida he comprobado con desolación cómo ellas ni se han inmutado y han comenzado a hablar de nuevo.
"Ja ja ja. Tanto trabajo cutre y absurdo me ha vuelto loca. Ja ja ja a ver a quién le cuento que oigo voces. No sólo eso. A ver a quién le explico que la voz que escucho es nada más y nada menos que la de la ilustre Belén Esteban. Ja ja ja". Estaba en pleno ataque de risa físico y mental cuando he notado un pequeño golpe del codo de Conchitina en mi brazo. Me he girado hacia ella y la he encontrado enfrascada en una lucha atroz con el interior de su bolso. He esperado pacientemente a que terminara. Total, ninguna cosa que sacara de él iba a ser superior al hecho de oir voces. Al final Conchitina ha colocado sobre la mesa un móvil. Después de observarlo durante unos segundos me lo ha dado y me ha dicho: "Hija, mira a ver si me han llamado porque con esas letras tan pequeñas que traen estos trastos no veo nada". He mirado el cacharro en cuestión y, efectivamente, un icono indicaba que habían llamadas perdidas. Lo que ha sucedido a continuación ha sido brutal, glorioso. Enfrascada en la misión imposible de explicarle a Conchitina cómo ver en un móvil , cuya pantalla no puede leer, dónde aparecen las llamadas perdidas Belén Esteban se ha manifestado de nuevo. Sin inmutarme me he rendido a la evidencia de mi incipiente locura hasta que el último resquicio de cordura de mi mente me ha alertado que la voz de la ínclita Esteban procedía de mis manos. En concreto salía del aparato que tenía entre ellas. ¡¡Exacto. Del teléfono móvil!!.
Con lágrimas en los ojos he mirado a la momia amiga de mi madre (no es despectivo el calificativo, en serio. Tendriais que ver lo seca que está la pobre.Vamos, ni Nefertiti en su peor momento). Ella también se me ha quedado mirando y me ha dicho: "Hija. No me mires así. Es el único tono del móvil que escucho bien. El de Andreita coño cómete el pollo también me gusta pero no se oye tan alto y claro como este".
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