Hace un tiempo (no mucho malpensados) me dio por probar nuevas experiencias en el terreno sexual. Después de comentar el tema con el ser que comparte vida con mi persona (un depravado de mucho cuidado y al que adoro) decidimos dar rienda suelta a lo que pasaba por mi siniestra, perversa y siempre creativa mente.
La primera de las opciones que consideré fue la de practicar sexo con otra mujer (¡Alabado sea el Señor!). Así es que nos pusimos manos a la obra. En aquellos días (bonita frase bíblica por cierto) nuestro círculo de amistades, que por supuesto hemos cambiado, no era el más adecuado ni para este tipo de proposiciones ni mucho menos para las prácticas. Teniendo en cuenta que residíamos casi en el tercer mundo (Creedme. Hay ciudades en la costa de este país absolutamente espeluznantes) las posibilidades de encontrar lo que buscábamos eran mínimas por no decir inexistentes.
Por fortuna, Internet ya existía en aquellos tiempos (disculpadme pero por alguna extraña razón hoy me persigue la Biblia) y optamos por realizar la búsqueda en un Chat que solíamos frecuentar. Después de varias horas (muchísimas en realidad) encontramos a una mujer sin complejos, malos rollos mentales y dispuesta a satisfacer mi/ nuestra curiosidad.
Como suele pasar en estos casos primero hubo sexo telefónico que, por cierto, funcionó de maravilla y después de unas semanas pasamos a la "cruda" realidad y al riguroso directo. Quedamos con ella (llamémosla Chari) una tarde de sábado. Nos parecía mejor quedar a tomar un café primero y ver cómo iban las cosas antes de entrar en materia. La verdad es que la cosa fue genial. Chari era una mujer muy extrovertida y con las ideas muy claras con respecto al sexo. Desde el primer momento en que nos vimos hubo muy buen rollo entre nosotras. Esto nos permitió pasar del café a las cervezas, de ahí a la cena, las copas, el baile, el tonteo y, of course, ¡¡la cama!!.
La verdad es que yo pensé que las cosas iban a ir de otro modo pero después de ir a casa a tomar la última copa (¡Adoro esta mentira!) tuve que ir urgentemente al baño. Cuando salí (no tardé más de dos minutos, lo juro) ya había empezado el festival en el dormitorio. Me quedé observando la escena y decidí unirme a la diversión.
El tonteo previo fue estupendo (prometo contar más tarde los detalles escabrosos en un post en el blog de LadyBourbon ) el calentamiento posterior fue espectacular y poco a poco la ropa empezó a desaparecer de nuestros cuerpos. Yo estaba extasiada pero debo confesar que NO estaba preparada para lo que iba a suceder a continuación.
Allí estaba yo absolutamente ensimismada, metida en harina y con la lengua en la mismísima campanilla de Chari cuando se me pasó por la cabeza que esa parte de mi persona, o sea la lengua, pasara a explorar otras zonas del pequeño cuerpo de aquella mujer. Sin pensármelo dos veces di rienda suelta a mis deseos. Mi boca pasó por su cuello, sus pechos, sus pezones, su ombligo, sus ingles.
Justo en el mismo instante en el que empezaba a comprender expresiones como "extrasensorial" o "de la ostia" mi boca fue atacada por un ente peludo para el que, ni por el forro, estaba yo preparada. Durante unos segundos pensé que tal vez, en mi pasión desmedida, me había desviado del cuerpo de aquella mujer y estaba lamiendo la manta de rasilán de la cama. Palpé levemente la zona con las manos y me cercioré de que eso NO estaba sucediendo. Efectivamente NO me estaba comiendo la manta. ¡Genial!. Feliz como una perdiz al comprobar que no me había equivocado de ruta proseguí con mi frenética actividad. La felicidad duró solo unos segundos. El tiempo que mi mente tardó en hacer la siguiente pregunta: Si no me estoy comiendo la manta y sigo teniendo esta cosa peluda en la lengua... ¿Dónde coño se supone que he metido la boca?
Para mi desgracia tuve a bien abrir los ojos (que por supuesto había mantenido cerrados casi todo el tiempo para disfrutar la intensidad del momento). El panorama que se descubría ante mis pupilas, a escasos centímetros de ellas para ser exactos, fue espeluznante. A pesar del tiempo que ha transcurrido aún no he logrado encontrar las palabras exactas para describir aquello. Intentaré hacerlo ahora con toda la finura de la que sea capaz................................................................................................................
Lo siento. No puedo.
1. Tenía delante de mi cara el coño más peludo que había visto en mi vida. ¡Por dios! Mira que he contemplado mujeres desnudas (en el colegio, en la playa, en el gimnasio...) pero aquel Alien y yo no nos habíamos encontrado jamás.
2. Cuando tuve conciencia de dónde estaba metida, mi cerebro gritó: ¡Sal de ahí cagando leches! y eso fue precisamente lo que hice o, al menos, lo intenté.
3. Aunque ella, o sea Chari, estaba en pleno momento de éxtasis debió de intuir mi huida porque justo en el instante en el que yo decidí sacar mi boca de allí, ella me cogió la cabeza con una fuerza sobrehumana impidiéndome la escapada.
4. Viéndome atrapada en semejante situación pensé aquello de... "Pongo a Dios por testigo que No voy a morir esta noche y menos asfixiada en un parrús" por lo que consideré que mi única escapatoria era darle un mordisco a la susodicha para ver si así me soltaba de una vez.
5. En un puro acto de supervivencia (¡¡lo juro!!) abrí la boca para darle el bocado de la muerte a aquella señora. Cuando iba a cometer aquel sublime acto algo tiró de mi impidiéndome cerrar la boca y acabar con aquello.
6. ¡Joder se me han enredado los pelos del chirri de esta tía en el piercing que llevo en la barbilla! ¡Joder, joder, joder!. ¡Voy a morir!
7. Angustiada y aterrorizada porque el Alien aquel parecía hacerse más grande cada vez empecé a aceptar la cruda realidad. Aquello terminaría si yo lograba que aquella mujer alcanzara el éxtasis pero claro, para ello, debía volver a poner mi lengua... en fin ya os hacéis una idea.
8. Totalmente entregada a la causa iba a ponerme manos a la obra cuando la salvación apareció ante mi persona en forma de frase tipo: " Tira con fuerza la cabeza hacia atrás. Lo peor que puede pasar es que pierdas el piercing"
9 Dicho y hecho. Entre aquellos matojos encontré el aire suficiente para respirar hondo y tirar con toda la fuerza de la que fui capaz.
10. Uno, dos, tres... ¡Rasssssssssssssssss! Al mismo tiempo que yo apartaba mi cara de aquel ente maligno, Chari había decidido soltarme la cabeza. Gracias a la fuerza que yo había sacado Dios sabe de dónde salí despedida hacia el otro lado de la cama de manera que, obviamente, fui a parar al suelo no sin antes golpearme en la cabeza con la puerta del armario.
Después todo fue negro. Al despertarme vi la cara descompuesta de mi marido y, por supuesto la de Chari.
- Menos mal... Ya despierta. ¿Estás bien?- preguntó el ser que vive conmigo con una pregunta en el rostro tipo (qué ha pasado)
- Eh...- fue todo lo que pude decir. Tenía los labios hinchados si, como si me los hubiera anestesiado.
- Pobrecita. Qué susto nos has dado- dijo Chari
"¿Susto yo, cabrona? ¡Susto tu coño selvático sin depilar!" pensé sin atreverme a decir nada por miedo a que se me cayera la lengua a trozos al intentar hablar.
- ¿Seguro que estás bien?- Volvió a preguntar mi señor esposo mientras me incorporaba.
- Siehhh....- susurré
- Bueno ya ha pasado todo. No sabes cómo nos las hemos tenido que ver para despertarte- afirmó Chari con rostro preocupado.
- Sí- sentenció Señor Esposo.- Aunque aún nos queda la peor parte- dijo al mismo tiempo que no podía evitar empezar a morirse de risa
- ¿Qué parte?- murmuré temiéndome lo peor
- ¡Sacarte esa mata de pelos que se te ha quedado enredada en el piercing!- gritaron los dos al unísono entre carcajadas....
Nota: El texto no lleva foto por motivos obvios (imagen demasiado grande)
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La primera de las opciones que consideré fue la de practicar sexo con otra mujer (¡Alabado sea el Señor!). Así es que nos pusimos manos a la obra. En aquellos días (bonita frase bíblica por cierto) nuestro círculo de amistades, que por supuesto hemos cambiado, no era el más adecuado ni para este tipo de proposiciones ni mucho menos para las prácticas. Teniendo en cuenta que residíamos casi en el tercer mundo (Creedme. Hay ciudades en la costa de este país absolutamente espeluznantes) las posibilidades de encontrar lo que buscábamos eran mínimas por no decir inexistentes.
Por fortuna, Internet ya existía en aquellos tiempos (disculpadme pero por alguna extraña razón hoy me persigue la Biblia) y optamos por realizar la búsqueda en un Chat que solíamos frecuentar. Después de varias horas (muchísimas en realidad) encontramos a una mujer sin complejos, malos rollos mentales y dispuesta a satisfacer mi/ nuestra curiosidad.
Como suele pasar en estos casos primero hubo sexo telefónico que, por cierto, funcionó de maravilla y después de unas semanas pasamos a la "cruda" realidad y al riguroso directo. Quedamos con ella (llamémosla Chari) una tarde de sábado. Nos parecía mejor quedar a tomar un café primero y ver cómo iban las cosas antes de entrar en materia. La verdad es que la cosa fue genial. Chari era una mujer muy extrovertida y con las ideas muy claras con respecto al sexo. Desde el primer momento en que nos vimos hubo muy buen rollo entre nosotras. Esto nos permitió pasar del café a las cervezas, de ahí a la cena, las copas, el baile, el tonteo y, of course, ¡¡la cama!!.
La verdad es que yo pensé que las cosas iban a ir de otro modo pero después de ir a casa a tomar la última copa (¡Adoro esta mentira!) tuve que ir urgentemente al baño. Cuando salí (no tardé más de dos minutos, lo juro) ya había empezado el festival en el dormitorio. Me quedé observando la escena y decidí unirme a la diversión.
El tonteo previo fue estupendo (prometo contar más tarde los detalles escabrosos en un post en el blog de LadyBourbon ) el calentamiento posterior fue espectacular y poco a poco la ropa empezó a desaparecer de nuestros cuerpos. Yo estaba extasiada pero debo confesar que NO estaba preparada para lo que iba a suceder a continuación.
Allí estaba yo absolutamente ensimismada, metida en harina y con la lengua en la mismísima campanilla de Chari cuando se me pasó por la cabeza que esa parte de mi persona, o sea la lengua, pasara a explorar otras zonas del pequeño cuerpo de aquella mujer. Sin pensármelo dos veces di rienda suelta a mis deseos. Mi boca pasó por su cuello, sus pechos, sus pezones, su ombligo, sus ingles.
Justo en el mismo instante en el que empezaba a comprender expresiones como "extrasensorial" o "de la ostia" mi boca fue atacada por un ente peludo para el que, ni por el forro, estaba yo preparada. Durante unos segundos pensé que tal vez, en mi pasión desmedida, me había desviado del cuerpo de aquella mujer y estaba lamiendo la manta de rasilán de la cama. Palpé levemente la zona con las manos y me cercioré de que eso NO estaba sucediendo. Efectivamente NO me estaba comiendo la manta. ¡Genial!. Feliz como una perdiz al comprobar que no me había equivocado de ruta proseguí con mi frenética actividad. La felicidad duró solo unos segundos. El tiempo que mi mente tardó en hacer la siguiente pregunta: Si no me estoy comiendo la manta y sigo teniendo esta cosa peluda en la lengua... ¿Dónde coño se supone que he metido la boca?
Para mi desgracia tuve a bien abrir los ojos (que por supuesto había mantenido cerrados casi todo el tiempo para disfrutar la intensidad del momento). El panorama que se descubría ante mis pupilas, a escasos centímetros de ellas para ser exactos, fue espeluznante. A pesar del tiempo que ha transcurrido aún no he logrado encontrar las palabras exactas para describir aquello. Intentaré hacerlo ahora con toda la finura de la que sea capaz................................................................................................................
Lo siento. No puedo.
1. Tenía delante de mi cara el coño más peludo que había visto en mi vida. ¡Por dios! Mira que he contemplado mujeres desnudas (en el colegio, en la playa, en el gimnasio...) pero aquel Alien y yo no nos habíamos encontrado jamás.
2. Cuando tuve conciencia de dónde estaba metida, mi cerebro gritó: ¡Sal de ahí cagando leches! y eso fue precisamente lo que hice o, al menos, lo intenté.
3. Aunque ella, o sea Chari, estaba en pleno momento de éxtasis debió de intuir mi huida porque justo en el instante en el que yo decidí sacar mi boca de allí, ella me cogió la cabeza con una fuerza sobrehumana impidiéndome la escapada.
4. Viéndome atrapada en semejante situación pensé aquello de... "Pongo a Dios por testigo que No voy a morir esta noche y menos asfixiada en un parrús" por lo que consideré que mi única escapatoria era darle un mordisco a la susodicha para ver si así me soltaba de una vez.
5. En un puro acto de supervivencia (¡¡lo juro!!) abrí la boca para darle el bocado de la muerte a aquella señora. Cuando iba a cometer aquel sublime acto algo tiró de mi impidiéndome cerrar la boca y acabar con aquello.
6. ¡Joder se me han enredado los pelos del chirri de esta tía en el piercing que llevo en la barbilla! ¡Joder, joder, joder!. ¡Voy a morir!
7. Angustiada y aterrorizada porque el Alien aquel parecía hacerse más grande cada vez empecé a aceptar la cruda realidad. Aquello terminaría si yo lograba que aquella mujer alcanzara el éxtasis pero claro, para ello, debía volver a poner mi lengua... en fin ya os hacéis una idea.
8. Totalmente entregada a la causa iba a ponerme manos a la obra cuando la salvación apareció ante mi persona en forma de frase tipo: " Tira con fuerza la cabeza hacia atrás. Lo peor que puede pasar es que pierdas el piercing"
9 Dicho y hecho. Entre aquellos matojos encontré el aire suficiente para respirar hondo y tirar con toda la fuerza de la que fui capaz.
10. Uno, dos, tres... ¡Rasssssssssssssssss! Al mismo tiempo que yo apartaba mi cara de aquel ente maligno, Chari había decidido soltarme la cabeza. Gracias a la fuerza que yo había sacado Dios sabe de dónde salí despedida hacia el otro lado de la cama de manera que, obviamente, fui a parar al suelo no sin antes golpearme en la cabeza con la puerta del armario.
Después todo fue negro. Al despertarme vi la cara descompuesta de mi marido y, por supuesto la de Chari.
- Menos mal... Ya despierta. ¿Estás bien?- preguntó el ser que vive conmigo con una pregunta en el rostro tipo (qué ha pasado)
- Eh...- fue todo lo que pude decir. Tenía los labios hinchados si, como si me los hubiera anestesiado.
- Pobrecita. Qué susto nos has dado- dijo Chari
"¿Susto yo, cabrona? ¡Susto tu coño selvático sin depilar!" pensé sin atreverme a decir nada por miedo a que se me cayera la lengua a trozos al intentar hablar.
- ¿Seguro que estás bien?- Volvió a preguntar mi señor esposo mientras me incorporaba.
- Siehhh....- susurré
- Bueno ya ha pasado todo. No sabes cómo nos las hemos tenido que ver para despertarte- afirmó Chari con rostro preocupado.
- Sí- sentenció Señor Esposo.- Aunque aún nos queda la peor parte- dijo al mismo tiempo que no podía evitar empezar a morirse de risa
- ¿Qué parte?- murmuré temiéndome lo peor
- ¡Sacarte esa mata de pelos que se te ha quedado enredada en el piercing!- gritaron los dos al unísono entre carcajadas....
Nota: El texto no lleva foto por motivos obvios (imagen demasiado grande)
Acabo de encontrar un interesante resumen sobre una de las obras más emblemáticas de Skakespeare: " Romeo y Julieta se conocieron en una sala de chat, pero su relación terminó trágicamente cuando a Julieta se le cayó la red"
¡Espectacular!
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¡Espectacular!
Hoy quiero compartir con todas aquellas personas que se dedican a la escritura la siguiente reflexión que acabo de encontrar en la web de Juan José Millás
"... conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida..."
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"... conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida..."
Nota: Los hechos que se narran a continuación son verídicos. Sucedieron el 14 de marzo de 2002. Fueron explicados meses más tarde por su protagonista y han pasado a ser parte de este blog por aclamación popular.
En ocasiones la pereza te puede llevar a situaciones impensables. La siguiente historia es producto de un ataque de "vagancia suprema"...
A las seis y cuarto, como cada día, sonó el despertador. La persona que comparte cama conmigo apagó la máquina infernal, giró el cuerpo y me dio el tradicional beso de buenos días que yo siempre recibo entre gruñidos y ronquidos varios. (Sinceramente, a esas horas, no tengo el coño pa farolillos). Al escuchar sus idas y venidas mientras se vestía me di cuenta de que me meaba toda pero, como cada mañana, decidí apretar las piernas, "arrebujarme" bajo el nórdico y aguantar un poco más.
A las ocho y media, como cada mañana, un tremendo dolor de barriga me despertó (síntoma indiscutible de que o bien iba al baño o podía explotar allí mismo). Me levanté de un salto y corrí hacia el aseo. Como cada mañana, me dejé caer de golpe sobre la taza del váter y me reñí por ser tan rematadamente vaga y aguantar hasta esos extremos. Satisfecha la necesidad urgente que me había llevado hasta allí, como cada mañana me levanté del váter.... ¡¡¡Pues noooooo!!
En el mismo instante en el que mi trasero se despegaba de la porcelana en la que había estado reposando se escuchó un crujido, una especie de "crackkkk". A continuación un dolor indescriptible se apoderó de mi zona lumbar (comúnmente denominada "los riñones"). Sobresaltada por lo que acababa de sucederme intenté volver a la posición de origen (Recordemos: Sentada sobre la taza del váter) pero, al intentar mover el primero de los músculos el dolor volvió a sacudirme. "Bien", pensé, "si no puedes ir hacia abajo tal vez puedas ir hacia arriba". Intenté hacer la operación anterior pero esta vez tratando de ponerme erguida. ¡¡Ni de coña!!. Aún no había empezado a moverme un intenso pinchazo me recordó que no era en absoluto inteligente seguir adelante con esa idea.
Así es que ahí estaba yo que no podía ir ni para arriba ni para abajo. Bueno, tal vez pudiera ir hacia adelante. Levanté el pie derecho y sí, caminé pero el tremendo aullido que salió de mi garganta me hizo caer en la cuenta de que aquella tampoco era una buena idea. Mientras permanecía en una postura absolutamente digna de Chiquito de la Calzada cuando grita eso de "Al ataquerrr.." trataba de encontrar el modo de salir de allí y pedir ayuda. A estas alturas ya tenía claro que sola no iba a poder lograrlo.
Eché un vistazo rápido por el cuarto de baño en busca de un sistema para poder andar que no me produjera demasiado dolor. Una de las putadas de los baños modernos y precisamente la ausencia de esta clase de elementos. Traté de alcanzar una banqueta de diseño monísima que tengo en un rincón pero nada de nada. No me había movido ni diez centímetros cuando el dolor se hizo más intenso. Debido a la postura en la que me encontraba (encorvada como una vieja) tenía el campo de visión bastante limitado. En este, ese o aquel (es decir entre lloros, quejidos, lamentos y maldiciones) mis ojos fueron a parar a la fantástica cortina de diseño que estaba colocada en la ducha y que rozaba con los dedos de mi mano izquierda. En unos segundos tracé un plan que consistía nada más y nada menos que en apoyar mis manos en la cortina e ir desplazándome hasta la puerta para poder llegar hasta el teléfono.
Puse la mano izquierda en la cortina y a continuación me giré lentamente (tardé media hora en hacer ese simple gesto) y coloqué también la mano derecha. Ahí estaba yo reptando rollo caracol a velocidad de crucero de dos metros/hora. Estaba absolutamente fascinada con mi capacidad para resolver conflictos cuando escuché un "clinck" sobre mi cabeza al que siguieron uno... dos.. tres... cuatro... hasta diez clincks. A continuación vino el drama.
Mientras reptaba por la cortina ideal y monísima adornada con unos estupendos peces de colores no caí en la cuenta de que aquello estaba diseñado para evitar que el agua de la ducha salpicara el suelo, no para aguantar el peso de una tía de un metro setenta de altura. Así es que al tiempo que yo avanzaba por la espectacular tela, la cortina se iba desenganchando de la barra hasta que al final incluso el fino cilindro de aluminio blanco acabó por despegarse de la pared.
En el mismo instante en el que presentí que me iba a caer al suelo y que no podía hacer nada por remediarlo (nada que no me produjera un dolor espantoso, por supuesto) apliqué la máxima del motorista: "Si ves un agujero en la calzada sigue recto, no trates de esquivarlo). Así es que me dejé llevar. Segundos después y, por supuesto, doscientos cuarenta aullidos más tarde, me encontré estirada en el suelo del baño muy glamourosa eso sí, envuelta por cientos de peces de colores.
Mi instinto de supervivencia me llevó a pedir socorro. Diez minutos más tarde y totalmente afónica caí en la cuenta de que, debido a la construcción de mi humilde morada, nadie iba a oirme. Pero yo no iba a morir aquel día no y menos... ¡En aquel cuarto de baño!. Tras meditar mucho mis opciones escogí la que consideré menos dolorosa y más práctica (aunque humillante). A modo de soldado en maniobras de prácticas traté de reptar por el suelo haciendo que fueran mis brazos y mis codos los que transportaran todo el peso de mi cuerpo. Aquello sin duda dolía. No voy a mentir diciendo que los riñones no me estaban matando. Pero la opción de permanecer rodeada por aquel gresite y esos peces de colores un minuto más estaba acabando conmigo.
Reptando cual babosa moribunda logré alcanzar mi objetivo (tres horas después)... el teléfono del salón. Marqué el número como pude y pedí auxilio. Luego todo se hizo negro... Cuando volvió la luz estaba en la cama con un interesante gotero de corticoides y analgésico jurando que iba a poner una mampara en la ducha y, lo más importante... que jamás volvería a mear estando sola en casa.
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En ocasiones la pereza te puede llevar a situaciones impensables. La siguiente historia es producto de un ataque de "vagancia suprema"...
A las seis y cuarto, como cada día, sonó el despertador. La persona que comparte cama conmigo apagó la máquina infernal, giró el cuerpo y me dio el tradicional beso de buenos días que yo siempre recibo entre gruñidos y ronquidos varios. (Sinceramente, a esas horas, no tengo el coño pa farolillos). Al escuchar sus idas y venidas mientras se vestía me di cuenta de que me meaba toda pero, como cada mañana, decidí apretar las piernas, "arrebujarme" bajo el nórdico y aguantar un poco más.
A las ocho y media, como cada mañana, un tremendo dolor de barriga me despertó (síntoma indiscutible de que o bien iba al baño o podía explotar allí mismo). Me levanté de un salto y corrí hacia el aseo. Como cada mañana, me dejé caer de golpe sobre la taza del váter y me reñí por ser tan rematadamente vaga y aguantar hasta esos extremos. Satisfecha la necesidad urgente que me había llevado hasta allí, como cada mañana me levanté del váter.... ¡¡¡Pues noooooo!!
En el mismo instante en el que mi trasero se despegaba de la porcelana en la que había estado reposando se escuchó un crujido, una especie de "crackkkk". A continuación un dolor indescriptible se apoderó de mi zona lumbar (comúnmente denominada "los riñones"). Sobresaltada por lo que acababa de sucederme intenté volver a la posición de origen (Recordemos: Sentada sobre la taza del váter) pero, al intentar mover el primero de los músculos el dolor volvió a sacudirme. "Bien", pensé, "si no puedes ir hacia abajo tal vez puedas ir hacia arriba". Intenté hacer la operación anterior pero esta vez tratando de ponerme erguida. ¡¡Ni de coña!!. Aún no había empezado a moverme un intenso pinchazo me recordó que no era en absoluto inteligente seguir adelante con esa idea.
Así es que ahí estaba yo que no podía ir ni para arriba ni para abajo. Bueno, tal vez pudiera ir hacia adelante. Levanté el pie derecho y sí, caminé pero el tremendo aullido que salió de mi garganta me hizo caer en la cuenta de que aquella tampoco era una buena idea. Mientras permanecía en una postura absolutamente digna de Chiquito de la Calzada cuando grita eso de "Al ataquerrr.." trataba de encontrar el modo de salir de allí y pedir ayuda. A estas alturas ya tenía claro que sola no iba a poder lograrlo.
Eché un vistazo rápido por el cuarto de baño en busca de un sistema para poder andar que no me produjera demasiado dolor. Una de las putadas de los baños modernos y precisamente la ausencia de esta clase de elementos. Traté de alcanzar una banqueta de diseño monísima que tengo en un rincón pero nada de nada. No me había movido ni diez centímetros cuando el dolor se hizo más intenso. Debido a la postura en la que me encontraba (encorvada como una vieja) tenía el campo de visión bastante limitado. En este, ese o aquel (es decir entre lloros, quejidos, lamentos y maldiciones) mis ojos fueron a parar a la fantástica cortina de diseño que estaba colocada en la ducha y que rozaba con los dedos de mi mano izquierda. En unos segundos tracé un plan que consistía nada más y nada menos que en apoyar mis manos en la cortina e ir desplazándome hasta la puerta para poder llegar hasta el teléfono.
Puse la mano izquierda en la cortina y a continuación me giré lentamente (tardé media hora en hacer ese simple gesto) y coloqué también la mano derecha. Ahí estaba yo reptando rollo caracol a velocidad de crucero de dos metros/hora. Estaba absolutamente fascinada con mi capacidad para resolver conflictos cuando escuché un "clinck" sobre mi cabeza al que siguieron uno... dos.. tres... cuatro... hasta diez clincks. A continuación vino el drama.
Mientras reptaba por la cortina ideal y monísima adornada con unos estupendos peces de colores no caí en la cuenta de que aquello estaba diseñado para evitar que el agua de la ducha salpicara el suelo, no para aguantar el peso de una tía de un metro setenta de altura. Así es que al tiempo que yo avanzaba por la espectacular tela, la cortina se iba desenganchando de la barra hasta que al final incluso el fino cilindro de aluminio blanco acabó por despegarse de la pared.
En el mismo instante en el que presentí que me iba a caer al suelo y que no podía hacer nada por remediarlo (nada que no me produjera un dolor espantoso, por supuesto) apliqué la máxima del motorista: "Si ves un agujero en la calzada sigue recto, no trates de esquivarlo). Así es que me dejé llevar. Segundos después y, por supuesto, doscientos cuarenta aullidos más tarde, me encontré estirada en el suelo del baño muy glamourosa eso sí, envuelta por cientos de peces de colores.
Mi instinto de supervivencia me llevó a pedir socorro. Diez minutos más tarde y totalmente afónica caí en la cuenta de que, debido a la construcción de mi humilde morada, nadie iba a oirme. Pero yo no iba a morir aquel día no y menos... ¡En aquel cuarto de baño!. Tras meditar mucho mis opciones escogí la que consideré menos dolorosa y más práctica (aunque humillante). A modo de soldado en maniobras de prácticas traté de reptar por el suelo haciendo que fueran mis brazos y mis codos los que transportaran todo el peso de mi cuerpo. Aquello sin duda dolía. No voy a mentir diciendo que los riñones no me estaban matando. Pero la opción de permanecer rodeada por aquel gresite y esos peces de colores un minuto más estaba acabando conmigo.
Reptando cual babosa moribunda logré alcanzar mi objetivo (tres horas después)... el teléfono del salón. Marqué el número como pude y pedí auxilio. Luego todo se hizo negro... Cuando volvió la luz estaba en la cama con un interesante gotero de corticoides y analgésico jurando que iba a poner una mampara en la ducha y, lo más importante... que jamás volvería a mear estando sola en casa.
Acabo de ser agredida por una lata de "Callos a la madrileña". He abierto el armario en el que SIEMPRE guardamos las infusiones y los paquetes de café instantáneo a la caza y captura de una bolsita de Earl Grey cuando, salida de la nada, una lata se ha abalanzado sobre mí con la misma furia con la que los de la televenta te cuelgan el teléfono cuando les dices por vez 1.907 que NO te interesa el producto que pretenden endosarte.
En los últimos tiempos tengo un poco complejo de "La pupas" ya que todo me pasa a mí y claro, con el citado objeto metálico, la cosa no iba a ser distinta. He comprobado en mis carnes eso que reza la Ley de Murphy (La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla). Pues bien... La lata de callos a la madrileña siempre cae sobre el pie en el que no llevas zapatilla aunque tengas una cocina de 200 metros cuadrados. No importa la postura, ni la fuerza con la que hayas abierto el citado armario, ni si quiera depende de tratar de entender por qué la jodida lata está en un armario en el que JAMAS debería haber estado. Sea como sea no te libras del Murphy este y obtienes como resultado una inflamación en el pie izquierdo de tres pares de narices.
En el mismo instante en el que un dolor más que intenso ha recorrido mi cuerpo he empezado a acordarme de todos los santos, vírgenes y, por supuesto, de mi marido (ser a quien atribuyo la presencia de los putos callos en ese armario y que en vez de reposar en posición horizontal, cosa lógica tratándose de una lata en forma de círculo , había sido depositada ahí a lo loco en posición vertical y lista para atacar en cualquier momento...).
He intentado apoyar el pie en el suelo pero ha sido misión imposible. Por segundos el pie ha empezado a adquirir un preocupante tono sonrosado que más tarde ha dado paso a un alarmante tono morado. Como no había forma humana de salir caminando de la cocina he decidido lo más práctico (al menos en teoría).. Salir a la pata coja. Claro que eso hubiera sido lo inteligente en el caso de ser yo una persona normal y no alguien cuyo menisco derecho está destrozado a causa de una lesión deportiva. Al segundo salto que he dado dejando caer el peso de mi cuerpo sobre la rodilla derecha la caída ha sido descomunal. El hueso en cuestión ha dicho que trabajara Rita así es que mi metro setenta de persona ha terminado estirado en el suelo de la cocina (Tranquilos que he caído con mucha dignidad). Como no sabía si reírme o llorar he optado por lo primero. Después de varios minutos muerta de risa en el suelo he intentado incorporarme con escaso éxito porque cada vez que lograba poner en orden la mitad de mi cuerpo me daba la risa y volvía a caerme. Total que ahí estaba yo a las nueve y media de la mañana jugando a ser Coco el de Barrio Sésamo experimentado la diferencia entre "arribaaaaaa", "abbaaajooooo". Tras media hora de hacer el capullo de esta forma el tema ya no me ha parecido nada divertido así es que he intentado volver a ponerme de pie. Al final lo he conseguido (obvio detallar el momento en el que me he tenido que enganchar a la puerta del frigorífico y a la bandeja del microondas para salir del apuro... Mejor no preguntéis).
En ese momento sublime en el que estaba erguida toda yo ha sonado el móvil que estaba encima de la mesa. Era una amiga que me llamaba para ponerme al día del fin de semana que ha pasado follando (porque lo que me ha explicado no es solo sexo). Como ha notado algo extraño en el tono de mi voz ha preguntado qué sucedía. Después de narrarle la peripecia ha dicho una frase sobre la que todavía estoy reflexionando: "Mireia por Dios siempre pensé que morirías con más glamour. No sé, algo así como asfixiada por toneladas de Caviar Iraní pero NO con que lo ibas a hacer en el suelo de una cocina por culpa de una lata de Callos a la madrileña".
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En los últimos tiempos tengo un poco complejo de "La pupas" ya que todo me pasa a mí y claro, con el citado objeto metálico, la cosa no iba a ser distinta. He comprobado en mis carnes eso que reza la Ley de Murphy (La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla). Pues bien... La lata de callos a la madrileña siempre cae sobre el pie en el que no llevas zapatilla aunque tengas una cocina de 200 metros cuadrados. No importa la postura, ni la fuerza con la que hayas abierto el citado armario, ni si quiera depende de tratar de entender por qué la jodida lata está en un armario en el que JAMAS debería haber estado. Sea como sea no te libras del Murphy este y obtienes como resultado una inflamación en el pie izquierdo de tres pares de narices.
En el mismo instante en el que un dolor más que intenso ha recorrido mi cuerpo he empezado a acordarme de todos los santos, vírgenes y, por supuesto, de mi marido (ser a quien atribuyo la presencia de los putos callos en ese armario y que en vez de reposar en posición horizontal, cosa lógica tratándose de una lata en forma de círculo , había sido depositada ahí a lo loco en posición vertical y lista para atacar en cualquier momento...).
He intentado apoyar el pie en el suelo pero ha sido misión imposible. Por segundos el pie ha empezado a adquirir un preocupante tono sonrosado que más tarde ha dado paso a un alarmante tono morado. Como no había forma humana de salir caminando de la cocina he decidido lo más práctico (al menos en teoría).. Salir a la pata coja. Claro que eso hubiera sido lo inteligente en el caso de ser yo una persona normal y no alguien cuyo menisco derecho está destrozado a causa de una lesión deportiva. Al segundo salto que he dado dejando caer el peso de mi cuerpo sobre la rodilla derecha la caída ha sido descomunal. El hueso en cuestión ha dicho que trabajara Rita así es que mi metro setenta de persona ha terminado estirado en el suelo de la cocina (Tranquilos que he caído con mucha dignidad). Como no sabía si reírme o llorar he optado por lo primero. Después de varios minutos muerta de risa en el suelo he intentado incorporarme con escaso éxito porque cada vez que lograba poner en orden la mitad de mi cuerpo me daba la risa y volvía a caerme. Total que ahí estaba yo a las nueve y media de la mañana jugando a ser Coco el de Barrio Sésamo experimentado la diferencia entre "arribaaaaaa", "abbaaajooooo". Tras media hora de hacer el capullo de esta forma el tema ya no me ha parecido nada divertido así es que he intentado volver a ponerme de pie. Al final lo he conseguido (obvio detallar el momento en el que me he tenido que enganchar a la puerta del frigorífico y a la bandeja del microondas para salir del apuro... Mejor no preguntéis).
En ese momento sublime en el que estaba erguida toda yo ha sonado el móvil que estaba encima de la mesa. Era una amiga que me llamaba para ponerme al día del fin de semana que ha pasado follando (porque lo que me ha explicado no es solo sexo). Como ha notado algo extraño en el tono de mi voz ha preguntado qué sucedía. Después de narrarle la peripecia ha dicho una frase sobre la que todavía estoy reflexionando: "Mireia por Dios siempre pensé que morirías con más glamour. No sé, algo así como asfixiada por toneladas de Caviar Iraní pero NO con que lo ibas a hacer en el suelo de una cocina por culpa de una lata de Callos a la madrileña".